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Marga y Raschid

Marga se acabó de un trago los restos de su copa de coñac. A su lado, Alfredo se concentraba en contar, incesablemente, un puñado de monedas que tenía en la mano. <<me faltan 80 céntimos>> dijo por tercera vez. El bar de Berni estaba tan vacío como de costumbre a las once de la noche de cualquier lunes. Tan sólo Marga y su compañero de barra permanecían anclados en sus respectivos taburetes mientras Berni secaba unas copas dejándose la voz en un intento de entonar la canción de Rocío Jurado que sonaba a todo volumen por los altavoces.

La puerta se abrió de golpe y Marga levantó la vista. Un joven árabe, con claros síntomas de embriagadez entró tambaleándose y se sentó con dificultad en el taburete más cercano a la entrada. Berni abandonó el trapo y, sin dejar de cantar, se acercó al chaval que abría y cerraba los ojos con fuerza en claro intento de despejarse. <<¿qué te pongo muchacho, un agua mineral sin gas?>> A nadie más pareció hacerle gracia el comentario pero una sonora carcajada salió de la garganta del dueño del bar <<vaya trompa que llevas>> volvió a decir entre risas <<¿qué va a ser?>>.

Alfredo decidió, al fin, guardar las monedas en el bolsillo. Arqueó la espalda en exceso para poder introducirlas en el pantalón y apunto estuvo de caerse al perder momentáneamente el equilibrio. <<Ponme otro Berni>> ordenó Marga sin inmutarse ante los movimientos patéticos de su compañero. Hoy tenía la necesidad de emborracharse y todo parecía indicar que iba por el buen camino. Se había despertado en la mesa de un bar desconocido hacía unas horas y no recordaba muy bien qué había ocurrido. Había sido un ataque de los fuertes de narcolepsia, de aquellos que creía superados, según el camarero había estado dos horas y media roncando. Recordaba haber hablado con una joven que le había dado un cigarrillo y con la que había hablado de algo pero todo era demasiado confuso. <<esta es mi mejor medicación>> murmuró para sus adentros mientras Berni le acercaba la copa llena.

Tras un largo trago, su mirada se concentró en el joven de la esquina. <<Esta calle está cada vez más llena de moros>> pensó. Torpemente se incorporó del taburete y se acercó hasta el joven. En los primeros pasos notó como el coñac había hecho su efecto y tuvo que hacer un sobre esfuerzo para que sus ochenta quilos se mantuviesen en posición vertical. Apoyó la mano en el taburete cercano al joven y, reclinando todo su cuerpo sobre él, propinó con la otra mano una palmada en la espalda de Rashid más fuerte de lo que había calculado. El joven se sobresaltó y derramó parte de su copa sobre la barra. En sus ojos se leía el pavor en estado puro.

<<Marga déjale en paz cabezona>> gritó Berni desde el fondo de la barra

<<Tú callate que no hablo contigo>> contestó ella en el mismo tono

<<Con mis clientes no me toques los cojones>> insistió Berni con aire amenazante acercándose con una copa en la mano.

<<¿Te quieres callar mamarracho? Déjame en paz ¿porqué no voy a poder hablar con mi amigo?>> dijo mientras pasaba su brazo por los hombros del cada vez más atónito Rashid. Hacía 30 segundos que no entendía nada de lo que en su entorno estaba ocurriendo, sólo veía a una enorme mujer colgada de su espalda gritandose con el camarero.

<<Te lo advierto>> continuó Berni

Marga suspiró con fuerza, cogió a Rashid por el brazo y le sacó de bar. Él se dejó guiar entre el desconcierto y la densidad del ambiente proporcionada por su propia embriaguez. Una vez fuera, vió como la Marga le observaba con cara de desconfianza. Miró hacia uno y otro lado de la calle y finalmente abrió la boca.

<<Oye chaval ¿tú puedes conseguirme unos porros?>>   

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